Más importante que la imagen: la esencia

“Cuida el exterior tanto como el interior; porque todo es uno” Siddhartha Gautama

 

En la última década la imagen pública ha tomado gran trascendencia y notoriedad, es por eso que es muy importante hablar de un tema fundamental sobre ésta y así desmitificarla y retirarle la preconcepción errónea que de ella se tiene de “frívola”.

 

Preocuparse por la imagen de ninguna manera nos hace triviales ni superficiales ya que la imagen es más que el exterior porque somos fondo y forma y ambas deben ir de la mano porque resultan igual de importantes. Si no hay fondo, la forma se derrumbará más temprano que tarde y la segunda se construirá en una base de engaño. Por otro lado, si hay fondo y no hay forma, ese fondo no sirve para nada más que para sentirse bien sólo con nosotros mismos, pero sin trascendencia, jamás podremos penetrar en la mente de nuestro público objetivo: por ejemplo un empleador. Entendamos como fondo a la esencia. Por otro lado, tomemos como forma a todo aquello que revista al fondo.

 

Por lo tanto para que una imagen tenga credibilidad, siempre debe encontrarse sustentada y este soporte lo encuentra en la esencia. La esencia es a las personas lo que los cimientos son a las construcciones, son las características más íntimas de los individuos, es lo que define nuestra personalidad (tanto el carácter como el temperamento) y aunque una parte de ella es innata también, ésta la vamos encauzando y modificando a través de nuestra vida; por eso siempre debe ser respetada por encima de todo. Para reconocer nuestra esencia debemos buscar en nuestra cabeza, alma y corazón (reconocer nuestras creencias, principios valores, gustos, etc) y sólo así reconoceremos quiénes somos y cuál es nuestro verdadero objetivo tanto personal como profesional. La esencia de las empresas por ejemplo, la encontramos en su manual de fundamentos, en donde se encuentra definida, su misión, visón, valores, metas, etc. Así que hagamos nuestro propio manual de fundamentos personal y encontremos nuestra verdadera esencia para poder determinar nuestro rumbo.

 

Con este profundo autoconocimiento podremos hacer una definición de nosotros a todos niveles (físico, emocional, intelectual y espiritual) para después añadirle el estilo con el que expresaremos nuestra esencia. Y una vez definidos estos conceptos podremos aceptar todas nuestra cualidades personales de manera integral junto con nuestros defectos y virtudes, debilidades y fortalezas y a partir de este autoconocimiento estaremos listos para implementar la imagen que mejor se adapte a nuestro ser, una imagen coherente que nos permita expresarnos individualmente, sin tener que aparentar lo que no somos.

 

Porque a lo que nos arriesgamos al no respetar nuestra propia esencia es a transmitir un mensaje incoherente, y sin coherencia no seremos creíbles. La coherencia es la actitud lógica y consecuente que debemos guardar con respecto a una posición anterior si es que queremos ser correctamente percibidos por los demás. Ser coherente facilitará el gozo de una buena imagen pública. Con todo esto no nos queda más que recordar que si la esencia está definida y es respetada entonces seremos coherentes y el proceso de creación de una imagen pública tendrá más probabilidades de ser exitoso y nosotros podremos ser mejor percibidos.

 

Fuente: De Ana Orozco, Consultora en imagen pública